# Grand Tour 2020 La tarde anterior al Tour transcurrió serena, paseando por las calles poco transitadas de Tarrega en un sábado cálido de un agosto pandémico. Para todos fue la primera salida después del [[../../../Libellus/_incisiones/Desconfinamiento]], nuestra timida y purdente vuelta a lo social. El evento que dio comienzo a la sexta edición del Grand Tour fue el divertido espectáculo de David Ymbernon, al cual asistimos sentados en una gradas en una pequeña plaza de Tarrega. Era el primer evento público al cual asistía desde antes del confinamiento primaveral y todavía se hacia raro aquel despliegue de mascarillas. Al espectáculo siguió la cena y el encuentro con toda la familia del Tour. Pasamos la noche en _Lo Racó d'en Carles_, un hotel en las afueras de Tàrrega más próximo a un aeropuerto que no a un _rincón_, con grandes _halls_ vacías, suelos en gres y ventanales hacia la carretera como fuesen pistas de aterrizaje. Los espacios fríos y anónimos, me remitían a congresos empresariales, bodas multitudinarias con tartas multipiso, guirnaldas, confettis, Micky Mouse y trompetas de cartón. Ya acomodados en nuestras habitaciones, acostado en la cama, miraba el delicado agitarse de las frondas de un [[../../../Fragmentarium/Árbol|árbol]], tan cercano que parecía a punto de alargar sus ramas hacia mí. Creo que mi viaje empezó en aquel momento, mirando la ventana abierta hacia el Pallars. El grupo que dio comienzo a la travesía estaba formado por Clara, Imma, Marta, Ota, Carles y yo. Salimos de Tarrega un domingo cálido de agosto en dirección noreste. El camino era caloroso, el termómetro marcaba 37 grados y el suelo parecía a punto de arder bajo nuestros pasos. Marchamos a paso firme, atravesando el Pla d’Urgell entre acequias, regadíos, frutales y maíz, acompañados por el fluir alegre y abundante del agua. %%En el Pla d’Urgell la actividad agrícola humana parece haberse integrado armoniosamente con la naturaleza. %%Entramos en un mundo paralelo, una zona con reglas y códigos propios, adonde los graneros parecen templos, la publicidad es de acaricidas y los lazos amarillos están hechos de manguera de riego. Tornabous, Castellserà, Bellcaire... los nombres de los pueblos en esta zona evocan historias lejanas y encienden mi imaginación. Devoluciones de ganado, sueños de poderío, paseos domingueros con el mejor traje... relatos para noches de estrellas y hogueras. En cambio, ahora parecen pueblos fantasmas. Seguramente el calor no invita a salir de casa, pero las fachadas chapadas y los edificios abandonados hablan más bien del _Apocalipsis_ que ha afectado el mundo rural en las últimas décadas. Las calles estaban casi desiertas, puntualmente animadas por hombres de piel negra, ocupada en sus quehaceres. Temporeros extranjeros, repobladores olvidados, que excepcionalmente han salido a la luz, anónimos y sin rostro, durante el [[../../../Libellus/_incisiones/Desconfinamiento]] por Covid-19. Cruzando La Foliola – o quizás, Castellserà– pasamos en frente de una puerta vigilada por un hombre, de la cual salió un joven, el también de piel negra. Se trataba probablemente del acceso a un piso de temporeros, de los pequeños y sobre explotados. La mirada del hombre era seria y alerta, algo alarmada, la mirada de quien conoce el peligro, de quien siempre está de guardia, esperando un peligro inminente. Yo con mi mochila y mi sombrero técnico, con mi _caminar de artista_, %%me encuentro así %%desnudo en frente a mi domesticado aburguesamiento. Media hora antes de llegar a Penelles%%, el territorio empezó a cambiar y %% las primeras colinas rompieron la monotonía del Pla d’Urgell: estábamos entrando en La Noguera. Llegamos 24 km después a Penelles, un pueblo que está saliendo del aislamiento rural gracias a un exitoso festival de arte urbano que atrae el turismo local desde 2016. Salvo alguna excepción, los trabajos no son destacable aunque sí, siempre muy dignos. Lo que más se aprecia es el conjunto, la iniciativa, la complicidad del pueblo y de sus habitantes. Después de haber pasado el día atravesando pueblos fantasmas, fue agradable estar rodeados de gente visitando arte urbano, debajo de la quieta mirada de dos cigüeñas instaladas en el techo de la iglesia. Pasamos la primera noche de travesía en el albergue municipal del pueblo, cuyas habitaciones carecían de ventanas y ventilación. Por la rejilla de la toma de aire de la ducha, se asomaban hierbas y hojas y, a pesar de estar en la primera planta, parecía estar debajo del suelo. Hacia una calor infernal y la humedad era densa como mantequilla. Por la mañana salimos en dirección Balaguer, un paseo ameno por carreteras polvorientas entre campos de maíz y granjas de ganado. Observaba el maíz agitarse al viento y pensaba en Toni, siempre presente. Es tan bello y armonioso el verde del maíz, su ondular delicado y reconfortante. Resistí más de una vez a la tentación de abrirme camino entre sus tallos, un camino hacia lo desconocido, sin vuelta atrás. *Mahís*, “lo que sustenta la vida”. La industria granjera aquí es otra actividad poderosa. Nuestro camino estaba salpicado de granjas, algunas imponentes, otras más pequeñas y humildes, algunas otras destartaladas y construidas a medias, lo mínimo necesario para su funcionamiento. De vez en cuando el chillar de cerdos rompía el silencio y nos acordaba que estos lugares, aparentemente abandonados, están habitados por animales cuya existencia es sacrificada para la nuestra. En las afueras de Balaguer, antes que la lluvia nos sorprenda, cruzamos una granja inmensa, un campo de concentración para cientos –o tal vez miles– de vacas lecheras, separadas de los becerros y amontonadas en grandes naves sin paredes. Sus miradas ya no era plácidas, sino cansadas y rabiosas. La llegada a Balaguer vino anunciada por pequeños detalles. La vegetación cambió, basura de todo tipo, alguna valla destartalada, edificaciones sin identidad… La frontera entre rural y urbano, con su abandono y su ruina, me recuerda siempre un escenario de _[[../../../Fragmentarium/Apocalipsis]]_. Una vez instalados en el Hotel del Santuario de Balaguer, nos dirigimos hacia _Pàmies Vitæ_, el vivero –esta palabra le viene muy corta– de Josep Pàmies, agricultor y activista, *ecohéroe* para unos, charlatán para otros. Josep Pàmies es una persona amable que ha despertado sentimientos contradictorios en el grupo. Nos hizo de anfitrión y nos acompañó por sus instalaciones, contándoos su historia. El vivero, la tienda, la huerta, el bosque, la cámara orgánica y el _mándala podal_ componen un lugar que merece una visita. Más allá de sus ideas –sobre las cuales no es mi intención hablar aquí– es muy admirable su labor divulgativa sobre huertas y plantas comestibles y medicinales. En una cosa me encuentro muy de acuerdo con él, sobre la falta de curiosidad, la estrechez mental y el conformismo perezoso del pensamiento único que caracteriza nuestra época. Algún recuerdo desordenado. Un joven escultor andaluz trabajando madera. El caminar descalzos por el mandala, el sabor intenso de la Perilla y el dulce de unos granos de uva _fragolina_ que me llevan a mi niñez, en Zandobbio. Por la noche Montse se unió al grupo y por la mañana nos alcanzó Mercè. El grupo crece, somos nueve, ocho caminantes y Jordi, que nos precede en coche, paciente y sereno. El camino entre Balaguer y Sant Llorenç de Montgai es dulce y sencillo. Caminamos entre campos de maíz, flanqueando el Segre. Las montañas de Sant Llorenç y el Congost, que se asomaron el día anterior, estaban cada vez más cerca, alimentando nuestra imaginación. Me gusta mucho esta progresión, desde lo urbano hacia la montaña, desde el regadío hacia bosques y pastura. La montaña como promesa, sus alturas son al mismo tiempo, la cima del espíritu y las profundidades del ser. Las pocas personas que encontramos llevan mascarilla, aunque estén solas en el medio del campo. Ya hemos entrado en el campo de la brujería, pronto volverá también la caza a las brujas. Con Imma hablamos de Pàmies, de conspiraciones, teorías alternativas y resistencia al sistema. Coincido con ella en [[../../../Vivarium/La visión interior]] de una oligarquía que *domina* el mundo y en considerar necesario un cambio de paradigma hacia el decrecimiento. Coincido también en que hay un peligro real de controlpero creo que hay un error de fondo en esta visión conspirativa. No creo hagan falta polvos inteligentes y vacunas masivas para controlar la humanidad, puesto que la humanidad ya está controlada. El gran problema de esta visión conspiradora es que se está buscando una solución fácil a un problema complejo, una manera fácil de de visualizar el enemigo para que quede la posibilidad de imaginar una salida, una solución y alimentar una esperanza de cambio. El sistema ya ha introducido un elemento de controla través de la máquina –como máquina entiendo todo dispositivo tecnológico– y del algoritmo. No es necesaria una tecnología de controlporque a través del uso diario y masivo de la tecnología ya hemos delegado a la máquina la responsabilidad de definir la manera de pensar del ser humano. Este proceso supone un cambio de paradigma adonde todo lo que esté asociado el humanismo ya es cosa del pasado, algo que tarde o temprano será residual, marginado por el sistema. En este nuevo paradigma la máquina será la que definirá lo que es bueno y lo que es malo y no siempre –a menudo al contrario– coincidirá con [[../../../Vivarium/La visión interior]] y las necesidades de la humanidad. En este grande océano de *ruido* que se ha vuelto nuestro vivir, nada parece ya tener mucho valor, es el triunfo de la mediocridad, del “da igual”, de la intelectualidad del tweet, mientras nosotros seguimos abonando el terreno de las masas. Llegará el punto que todo dará igual, el arte, la filosofía, la poesía, la música, todos residuos de un mundo ya no necesario. Nosotros, en las redes sociales, alimentando nuestra *fama* y nuestra ambición, en realidad estamos alimentando una capa superficial de este sistema. Un día será un personaje, una idea, un fenómeno con millones de seguidores, el día siguiente será otro. Lo importante será mantener una producción de masa para alimentar el hambre de datos. Somos ganado, generando información y datos al servicio de la máquina y estas máquinas están, por el momento, y por mucho tiempo, al servicio de una oligarquía que mantendrá una relación elitista con los artes, por lo menos en un principio. No hace falta nada más para controlar la humanidad y toda resistencia tiene que empezar por la toma de conciencia de que ya somos producto de la máquina al servicio de la máquina. Hablamos también de libertad y de su defensa y yo me pregunto cuál puede ser la libertad en un mundo donde hay 8000 millones de personas, donde hay recursos limitados, donde hay un sistema muy complejo de relación con nuestra realidad. ¿Quizás tendremos que estar disponibles a un cambio adonde podamos perder parte de nuestra libertad individual en cambio de una mejoría global? ¿Es necesaria una toma de conciencia de lo que supone ser una especie tan difusa? ¿Tenemos que tener conciencia de los límites que supone ser tantos en un mundo –el nuestro– donde se intenta preservar la vida humana, en cualquier situación y condición, independientemente de su calidad de vida. Otra vez, la vida humana como producto. Llegamos al *Aiguabarreig* de la Noguera Pallaresa con el Segre y nos bañamos en el pantano que reúne el agua de los dos ríos. Una tarde quieta que acaba con un picnic en el camping _“La Noguera”_, preparado por nuestro *factótum*, Jordi Rallo. Somos un oasis en un contexto tan parcelado como un camping. Ocho tiendas, un telón azul y una *performance* celebrando el santo de Clara, entre poemas, baile, aplausos y cantos. Esto es el Grand Tour, una comunidad _donquijotesca_ de caminantes resistentes, es otro mundo posible. El cuarto día de camino dejamos el *Aiguabarreig* flanqueando el pantano hacia noreste; rodeamos la imponente montaña que lo domina pare dirigirnos hacia el _Monestir de Les Avellanes_, subiendo entre haces de heno, campos de grano y vegetación mediterránea. Con Clara nos contamos, hablando de nuestras vidas, de nuestro pasado común en Sant Pere mes Baix, de la meditación Vipassana y de lo que nos llevó a ella. Hablamos también del mundo del arte y de la ambición que se diluye con el profundizar en la investigación interior. Recuerdo con sosiego el camino silencioso entre campos arados %%antes de llegar al Monestir%%, el parasol de topos rojos de Clara y el cielo animado por nubes escurridizas. Llegamos al monasterio a mediodía, como todos los días recibidos –y despedidos– por el picar de campanas. Fundado como cenobio en el siglo XII, el Monestir d’Avellanes pasó por diferentes usos y estilos. La iglesia románica se reconstruió en el siglo XIV en estilo gótico y volvió a reformarse a principio del siglo XX por los Hermanos Maristas. En el sepulcro se conservan los restos recuperados de los 46 mártires maristas de Moncada, asesinados en 1936 al cementerio de Montcada i Reixac. Un banquero adquirió el edificio en 1894 y vendió por 15.000 pesetas los sarcófagos con los restos de los condes de Urgel al Museo The Cloisters de Nueva York. Uno de los frecuentes episodios de _saqueo_ que sufrió el patrimonio cultural catalán en aquella época. Su actividad se exclaustró definitivamente a mediados del siglo XIX y actualmente funciona como alojamiento rural además de restaurante, salas de reunión, casa de colonias y casa de espiritualidad. Sus habitaciones están dedicadas a abades de otras épocas, habitaciones en lugar de celdas y turistas en lugar de monjes. Parece un museo a la memoria de lo que fue, de una religiosidad perdida. Recuerdos desordenados, Carles duerme como un muerto y la tormenta que refresca el aire y oscurece el cielo del atardecer: llueve y hace sol, se peinan las brujas. El día siguiente, el quinto de camino, se espera largo y cálido; nuestro [[../../../Fragmentarium/Destino|destino]], Áger. Decidimos salir pronto y adelantamos el despertador para recolectar lágrimas de San Lorenzo, anunciadas por la madrugada. Nos despedimos de Mercè y salimos del monasterio cuando todavía no había amanecido, con un puñado de estrellas y las cantimploras llenas. Cruzamos en silencio el umbral entre noche y día, transitando entre mundos en este lugar fuera del tiempo donde todo parece posible. Un tejón yace al borde de la carretera, la [[../../../Themarium/De la ley natural/Morte|muerte]] se asoma. El día se despliega entre las tierras ocres de los campos en una leve subida. Rodeamos la sierra de Cananill y flanqueamos el barranco de Sant Miquel hacia la cueva de Santa Linya; en el bosque, recibí un mensaje de [[../../../Arte/Artistas/Kati Riquelme|Kati]] «¿Podría ser el caminar parte del habitar poético?», «Sin duda alguna», le contesté. Descansando en el fresco reverberar de la cueva, Carles y yo observamos incomodos las paredes de la cueva, *acribillada* por anclajes, ganchos y mosquetones. Ante nuestro malestar, Clara reflexionaba sobre dos maneras de vivir el territorio, el respeto hacia la naturaleza y las ganas de compartir que suele caracterizar los escaladores y la inaccesible exclusividad de los arqueólogos que suelen vallar y prohibir sus territorios. Dejado atrás Santa Linya, subimos hacia la Sierra de Montclús, buscando senderos que iban y volvían, arrasados por el trabajo de los campesinos. Confrontando los mapas en busca de alguna referencia, me di cuenta que en aquella zona ninguno coincidía en su [[../../../Themarium/Toponimia/Toponimia]], ni el del ICGC en papel, ni el de OpenStreetMap, ni el del IGN y, aparentemente, tampoco el de Wikiloc que parece ser también del ICGC. Era como si en el mismo territorio hubiese diferentes realidades y dimensiones, una invisible a la otra, que a veces acaban coincidiendo. Tomé nota para una próxima linea de trabajo: la topografía como elemento político. El primer desvío nos llevó a una gran encina bajo la cual estaba una mesa redonda en piedra. Allí hicimos pausa, comiendo y disfrutando de la sombra, agradecidos por este rincón de descanso, un oasis entre caminos perdidos. El momento más duro –y a posteriori, uno de los más espectaculares–, fue cerca del Castell de Cas, en la Sierra de Montclús: un largo rato subiendo por las tierras removidas de un majestuoso campo recién segado. El sol apretaba y el paso era lento y fatigoso, dificultado por el terreno blando e irregular de la tierra. Llegamos a la pista poco a poco, cada uno a su ritmo. Allí me di cuenta de la energía, resistencia y fuerza de Clara y Montse: el caminar es un acto poderoso que no tiene edad y su limite está en la mente. La entrada a Áger es una viacrucis de [[../../../Fragmentarium/Ruinas]] por un paseo idílico a lo largo de un arroyo en un bosque frondoso y húmedo. Estamos agotados pero satisfechos. Cenamos en camping _Vall d’Áger,_ sentados en círculo hablando de nuestro trabajo y del momento de vida en el cual estamos. Clara nos contó que para ella organizar el Gran Tour es como una un espectáculo teatral. Hay la preparación y los ensayos, con el estudio del territorio y de las etapas y luego la función, la caminata un día tras otro, todo de un tirón. _Ager_, latín, del griego, _agros_ «el campo»; tierra, terreno, contrada, era el nombre genérico del terreno geográfico de una región o de un territorio político. La villa de Áger se encuentra situada en el medio del valle homónimo, en la zona pre-pirenaica al norte de la comarca de la Noguera. Áger está limitado al norte por la sierra del Montsec, al sur por la sierra de Montclús, al este por el río Noguera Pallaresa y al oeste por el río Noguera Ribagorzana. Esta situación geo-estratégica, influirá decisivamente en su historia. El pueblo de Àger fue un importante núcleo carlista durante las guerras que estos protagonizaron. Llegó a tener casi 3000 habitantes en la segunda mitad del siglo XIX, ahora no llegan a 600. En su proximidad, en los pies del Montsec, hay el Centro de Observación del Universo, del Parque Astronómico Montsec. %%Subimos suavemente el Montsec pasando a través de bosques de roble y encinas, frescos y agradables.%% Caminando a lado de Carles, me vuelve a la mente su proyecto educativos con jóvenes, «me parece una muy buena idea, el caminar como herramienta de empoderamiento, autoconocimiento y autoestima». Caminamos hablando del caminar, del caminar meditativo –aquí y ahora–, del caminar como herramienta de construcción de ti mismo, del caminar como metáfora de vida. Y así, acercándonos al Montsec, hablamos de la montaña como [[../../../Fragmentarium/Destino|destino]] lejano, como promesa y como metáfora de una utopía que aunque resulte inalcanzable, será estímulo para nuestro caminar. A propósito de utopia, Carles cita a Galeano; aunque Galeano escribió un poema titulado [[../../../Lecturas/Poesia/La utopia (El derecho al delirio)]], en realidad la cita es de Fernando Birri: > “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.” El Montsec estaba levemente cubierto por nubes, dándole un toque dramático y misterioso. Es un estado de la montaña que siento cercano y familiar. «Eres un romántico, Marco» me dice Clara sonriendo, «_Hölderliniano_». «Ya… es un estado interior muy agradable, pero mejor habitarlo en pequeñas dosis», «con tus propios delirios se puede siempre negociar» me responde. > “Vengo en vano a buscar un cambio todos los días, > callan siempre a mi voz todas las sendas del campo; > fui a las gélidas cimas, las sombras todas me vieron, > y las fuentes; incierto vaga sin rumbo el espíritu, > paz buscando; así va por los busques la herida alimaña > que a medio día de sombra segura gozó; > pero ya a su verde guarida no ha de tornar. > Insomne y dolida el dardo lleva doquier. > No el calor ni la luz, no la gélida noche la curan, > ni el frescor del torrente da a sus heridas alivio. > Y como la tierra sus triacas en vano > dale, y el céfiro no su fiebre logran aplacar; > tal, amigos, ¿a mí será imposible que nadie > pueda el fatídico sueño por fin apartar?[^1]” Aquel día el camino me otorgaba regalos. O mensajes, o trofeos. Sobre todo, fósiles y plumas. «Hoy estás conectado con los ángeles» me dijo Imma al verme recoger una pluma, «con los ángeles y con el aire… y tal vez con la tierra y el mar» le digo, mirando el fósil de erizo de mar recién encontrado. Hablamos entonces del significado simbólico de los ángeles y de su presencia en las principales religiones. Me explicó como comunicar con ellos, hablando en voz alta, susurrando, o abriendo el chakra de la coronilla, porque sin vocalizar, necesitan un permiso de algún tipo para poder entrar en tu mente. Llegados a la carena del Montsec, pasando por Coll d’Ares, asistimos a lanzamientos de parapentes, encantados ante su vuelo poético. Clara me habla de su antigua pareja %%falta nombre%% que, ya en la fase final de un tumor de riñón, se lanzó con parapente y silla de ruedas ante su familia, a simbolizar su próximo viaje. Murió dos días después y su vuelo fue enviado a sus amigos como saludo final. Ya en el Pallars Jussà, seguimos por la carena hasta la Collada de Colobor, pasando por el Pas dels Pous de Glaç, Cap del Ras y Sant Alís, el pico más alto del Montsec d’Ares, una de las tres zonas de la sierra: Montsec de Rúbies, Montsec d’Ares y Montsec de l’Estall, esta última en Aragón. En Colobor, después de comer, empezamos a bajar. En el camino encontramos un SEAT 600 blanco abandonado en el medio de un prado desde hace décadas . Estaba completamente destrozado, oxidado y acribillado. ¿Cómo pudo haber llegar allí? Bajando por la cara norte del Montsec encontramos la primera fuente activa en todo el viaje, _La font de la Veça_ (o Bessa, según el [[../../../Themarium/Cartografía/Mapa|Mapa]]). Bebimos de ella, alimentándonos de su historia, de la memoria de territorios, de cielo y tierra. ¿Cuánta información e historia lleva consigo su agua fresca y cristalina? El agua es memoria universal, origen del ensueño de nuestra _realidad_, red invisible que nos conecta con ella y entre nosotros. Joan %%preguntar a Clara el apellido del segundo Joan de IPCENA%%, una vez llegados, nos dirá que es muy raro encontrar una fuente en el Montsec porque su estructura geológica permeable le impide retener agua. _La font de la Veça_ en realidad es la salida de un depósito natural subterráneo, una cueva vertical muy profunda a dos plantas%%pedir información a Joan nombre geológico del depósito%%. Con el cambio climático hoy en día no puedes confiar en muchas de las fuentes marcadas en los mapas: parecen puestas allí más bien con monumento a sí mismas. La bajada fue larga, de bellos paisajes y terrenos entretenidos. No muy lejos de nuestro [[../../../Fragmentarium/Destino|destino]], en localidad [Sant Esteve de la Sarga][1], se encuentra un montículo de piedras de un metro de diámetro con una piedra central puesta como un pequeño menhir, justo a lado del sendero. Está marcado en el mapa del Institut Cartogràfic como *Els homes Morts*, un lugar que da nombre también a un barranco, el *Llau d’els Homes Morts*. Resulta que durante la [[../../../Themarium/Guerra Civil/Guerra Civil|Guerra Civil]], unos fugitivos sepultaron allí debajo de unas piedras sus compañeros fallecidos durante el camino. Desde entonces quién pase por allí, conocedor de la historia, suele poner una piedra en recuerdo de aquellos muertos. Un verdadero monumento a la libertad. Parece que en Catalunya hay varias localidades con este topónimo recordando muertos lejanos, de origen medieval o más reciente, como en este caso. El último tramo de camino se insinuó en un bosque de imponentes pinos. Árboles muy altos y piñas grandes como cocos, en este bosque parece que hasta los _rovellones_ crecen grandes como platos. Imma me enseñó una de las grandes piñas diseminadas por el suelo, «ves, las piñas se abren y se cierran y tienen esta estructura a espiral. Nuestro universo es como una de estas» me dijo indicando una de las escamas, «las piñas como un racimo de universos». Llegamos a [[../../../Fragmentarium/Destino|destino]] después de 11 horas de camino. Dormiremos un par de noches en un edificio privado, una vez casal de verano, ahora laboratorio para intervenciones en el territorio. Nos acogen Joan y Joan del IPCENA[^2] de Tremp, una pareja de personajes que parece haber sido creados para una comedia. Uno %%preguntar apellido a Clara%%, el *sparring partner*, tranquilo y acogedor; el otro, Joan Vàzquez%%, el secretario de la asociación, %%, el protagonista, una explosión de ego, humor negro e ideales. El primero, defensor de Verdaguer; el segundo, indignado con el poeta por venderse a España. Los dos son una fuente inagotable de información sobre el territorio, histórica, biológica, geológica. Acabamos el día con un baño en una balsa en el barranco y una cena comunitaria. Dedicamos la mañana del día siguiente caminando por las arrugas de la placa ibérica del Montsec, que un día fue mar, y hoy es montaña. Nos acompañan Joan & Joan, uno abriendo camino y el otro cerrando la fila. Al subir nos dan algunas informaciones sobre el territorio, su formación y sus plantas: _Bruc d’escombres (Erica scoparia), Sajolida (Satureja), Boldo_ (en esta zona la llaman _Buxerola_ y su hermana mayor, _Boix_), _Te de Roca_. Caminamos por unos cinco quilómetros en ruta circular pasando por el _Jaciment de Sant Martì de les Tombetes_, un sitio arqueológico con restos ibéricos y romanos. Se trata de un poblado desaparecido posiblemente en la edad mediana tardía, del cual se pueden observar algunos restos de un poblado fortificado, con iglesia y necrópolis, con todas las características de un asentamiento anterior al año 1.000. El conjunto es un notable testimonio de un poblado de hace más de 1.000 años. El Cementerio del IV siglo, iglesia románico medieval. Los iberos quemaban los cuerpos, entonces las tumbas antropomorfas son romanas. Ruinas hacia sur. Lugares privilegiados en altura y dificultad de acceso en épocas de invasion. Miramos hacia el Castellot, montaña sagrada para los ibéricos. De vuelta, el molino y, en el medio del barranco, los restos del coche de la arqueóloga que cayó por decena de metros. Eran cuatro y todas increíblemente sobrevivieron. La arqueóloga dejó el proyecto y una [[../../../Libellus/_posts/2014-01-12-Docena|2014-01-12-Docena]] de años más tarde se volvieron a reanudar. No recuerdo si la arqueóloga volvió al lugar, pero seguro el trauma le impidió de volver a la zona de excavación. Dejo el grupo bañarse en una balsa, yo sigo con Jordi (que por primera vez camino con nosotros) y los dos j&j hacia casa. Llegado otra vez al barranco, me dirijo hacia la balsa de ayer donde pude disfrutar de unos momentos de soledad y de un par de baños. Joan de Tremp ya se fue. Cena agradable entre todos, con infusión de té de roca antes de ir a dormir. Joan de Beguria nos habla de su campaña para la protección del oso en los Pirineos. Finalmente conozco alguien que esté luchando para su protección (exterminio), puesto que más arriba, en el Pallars Sobirà he conocido gente relacionada al mundo de los ganaderos, que suelen estar en contra de la reintroducción del oso por protección de sus rebaños. Según Joan de Beguria, cada oveja muerta por ataque de oso viene indemnizada con otras cinco. Además, dice, es más peligros y hace más daño un rayo que no el oso mismo. Además, sostiene, es un debate que no tendría que ponerse, puesto que que lo sabe estaba presente en las montañas antes de la llegada del hombre y es parte fundamental para el control, F.. Fragmento de _Lamentos de Zenón por DIotima_. Traducción de Otto de Greiff [^2]: Ipcena-EdC / Institució de Ponent per la Conservació i l'Estudi de l'entorn Natural - [http://ipcena.org/ipcena/][2] [1]: https://www.enciclopedia.cat/ec-gec-0059721.xml [2]: http://ipcena.org/ipcena/